viernes 3 de julio de 2009

Depredadora

Hay cosas que solo la muerte puede destruir



Hace meses camina por el desierto frío de Otaska. El desierto de arena blanca brilla como una inmensa luna sin forma y en el cielo la verdadera luna como un crepúsculo blanco, como un espejo de leche.
Sigue hablando con ella. Finge que es con el mismo, pero su monologo interior es un doliente e inacabado diálogo con su recuerdo.
Durante décadas fue inmune al omepau, la palabra Teneka equivalente al amor, el omepau es un compromiso inasible pero indestructible que los Tenekas padecen irremediablemente, hasta su muerte.
Su fama es conocida por las mujeres Mindai, la maestría en el arte del omepausek de los Tenekas es insuperable porque en ese estado realmente parecen amar; esto significa un enorme reto para las Mindai, que tienen que enamorarse para obtener a su presa, no obstante puede ser solo un fingimiento. Para un cazador, ser engañado por su presa no solo es riesgoso en términos de su alimentación sino de su orgullo.
Tomorai-ino, pertenece a los Ondenai (un clan selectivo determinado cerebralmente por la amalgama de sentimientos y pensamientos) cuya estructura cultural otorga mayor peso relativo hacia las emociones y esto les facilita el omepausek: una forma de amor que se caracteriza por su temporalidad, incluso puede extenderse por años, pero no es un real amor. El omepau ineludiblemente es para siempre por eso lo evitan, de equivocarse su condena es la muerte en vida.
Desgraciadamente cuando el omepau no se realiza se producen efectos colaterales: el endurecimiento continuo de su piel emplumada, equivalente al envejecimiento, que les impide planear.
Los Tenekas son como ardillas voladoras que saltan de un risco a otro aupados por los poderosos vientos de Androteijuanak.
Desterrado, Tomorai-ino, el Teneka, hace meses camina por el desierto frío de Otaka.
Busca la cura o la muerte.
Las Mindau no son propiamente una especie, sino dos, mujeres y depredadores temibles por su frialdad.
El sitio de donde provienen es muy diferente, como lo son las Mindau de los Teneka. Son su presa y les gusta cazarlos.
Mandanau recuerda a Tomora-ino. Siente culpa, siente ira. Siente amor.
A carcajadas, las hojas caen a carcajadas. El firmamento se inunda de risas, como cosquillas de bambú, como caricias entre cornamentas.
Un mar de hojas cascabeleando entre el cielo y la tierra, un ruido ensordecedor que a Mandanau, la Mindau, irrita.
Corre, su lomo ocre cortando la lluvia de hojas que apenas la rozan.
Se detiene.
Un rugido, como un trueno ahuyenta la lluvia.
Silencio.
Las hojas se abren formando un paraguas sobre la pantera. Su olfato necesita silencio y ella está de caza.
Es un olor nervioso, visceral. Mandanau percibe odio, ira, miedo mezclado con abundante sudor.
Una Mindau de otra manada.
Huele en ella deseo, ahora entiende, el olor del miedo y la ira: es un rival, también persigue a Tomorai-ino y está perdida, como ella hace cinco años. Se detiene y comienza a cavar con sus patas en la tierra fangosa. Luego se cubre con hojas y espera.
Es una pantera de piel blanca. Exótica, sus ojos verdes. La olfatea pero su olor se confunde con la cobertura de fango.
Un poco más. Acércate. Un poco más.
El hocico de la pantera blanca se dirige hacia ella. Es el momento.
Se desprende del fango y muerde una pata, con tal impacto y fuerza que la fractura.
Es suficiente. No quiere matarla.

Otro rugido y vuelve a correr. El cielo se inunda, de nuevo, de carcajadas.
Hacia el bosque lloroso.
Se detiene en el umbral.
Gira sobre si misma. Toma impulso. De un salto atraviesa la frontera de arbustos que bordean el bosque lloroso.
Los árboles no tienen hojas, sus ramas están pobladas de gotas, burbujas, rocío. Cuando crecen se vierten de las copas cayendo como llanto. Dolorosos gemidos, suspiros, ahogos que rumoran sufrimientos, recuerdos encadenados al llanto.
El bosque se alimenta de las penas. La pantera sabe que la tristeza puede atraparla por siempre en el bosque. El sufrimiento llega como una pena inevitable que solo la muerte alivia.
!Corre¡ La ira circula por su torrente sanguíneo, piensa en el Teneka emplumado, recuerda sus colmillos mordiendo su cuello, demostrando el poder, para luego dejarse herir por ella, fuerte y débil, la sedujo con su impasibilidad ante la muerte.
Esperó años, agazapada en el dolor. Ahora regresa por su venganza.
Su mente viaja al pasado, mientras sus grandes patas se hunden en la tierra…
Recuerda con claridad el día en que decidió ir por su presa, lo encontró solo, leyendo el manuscrito Tenkai, una explicación filosófica desde la cultura Ondenai que revela el mundo a través de una complicada geometría teórica.
La explicación se desarrolla a partir de algoritmos de vida, con un sentido matemático y al mismo tiempo profundamente poético, lo que permite por un lado el acceso racional al intelecto y por otro, deja el margen para la creación y la improvisación.
Ella lo había leído, pero en su especie el lado emocional está restringido, se actúa bajo el imperio de la razón práctica, la frialdad de pensamiento necesaria para sobrevivir. Su sentido de la manada es tan agresivo como en los Tenekas su tendencia a la soledad. El manuscrito le impresionaba y mucho más el descubrimiento del Teneka de su corazón.
La miró fijamente, ella sintió que sus pupilas se expandían desmesuradamente, le dijo: - Tu independencia, tu autonomía es el miedo a perder a tu manada, estás perdida en la fuerza de tus padres y no puedes amar-.
Dicen que las Mindau no lloran, sus ojos son demasiado perfectos por su capacidad de visión nocturna lo que les torna seres de sombras. Sus padres: nunca quiso aceptar la profunda y contradictoria crueldad que se encontraba bajo el inmenso amor que le tenían. Ocultaban su enfermedad en la lógica de la manada, la habían obligado a alejarse, a estar sola, pero ahora se daba cuenta que mientras ellos le importaran también estaría enferma. No quería pensar en ellos hace tiempo que no lo hacía.
Esa noche la pantera no lloró, fue al amanecer, cuando supo que su corazón solo latíría por Tomorai-ino.
Mientras el planeaba sobre la playa en el borde mismo del mar, ella corría con inverosímil velocidad. Entre el cielo y la tierra la brisa como una inmensa caricia que los unía.
Una mañana llegó la misiva: Necesitamos hablar contigo, es urgente, ven.
Tomorai-ino le dijo que no se fuera, era una prueba de fuerza, estaban juntos y la manada lo reprobaba, que no lo usara como alimento. No debía ir.
Al anochecer ella se marchó.

Cuando regresó Tomorai-ino no estaba.
Ahora, cinco años después espera su venganza.
Esperaba encontrarlo en el lecho con alguna especie. No obstante lo encuentra solo. Eso la desconcierta.
Se inclina en posición de salto, va a destrozarlo y liberarlos a los dos.
Tomorai-ino advierte su presencia. Gira el rostro y sonríe mientras la ve lanzarse hacia el con las fauces abiertas.
La mente de Mandanau es ágil, mira los ojos plácidos del Teneka, la paz. No. El dolor marinando sus entrañas. Suspendida en el aire gira y se estrella estrepitosamente contra la arista del velador. La lámpara se tambalea. Él sigue leyendo. Se detiene la mira.
Te lastimaste, déjame cuidar de ti –le dice él suavemente-.
Aunque los Teneka son un pueblo pasivo, su incisiva hilera de colmillos pequeños y afilados son extremadamente peligrosos y aún más sus espolones capaces de abrir el vientre de su enemigo de un solo tajo en pleno vuelo.
Ella lo sabe. Reacciona. Se detiene, por un momento, suficiente como para que él clave su espolón en la costilla y sus colmillos en el cuello.
Aprieta las mandíbulas suavemente. Ella sabe que si trata de escapar su cuello se desgarraría en esos colmillos pequeños que se prenden a su piel, en el trayecto seguramente se rompería la yugular. Mientras, la punta del espolón pellizca el hueso de su costilla, el dolor se esparce por su lomo.
Atrapada. Y a punto de morir por alguien que ahora está segura de odiar.
El Teneka la suelta y le da la espalda. Ella le escucha decir: Lo siento –te quiero y temía que no me dieras tiempo de decírtelo- si tienes que hacerlo, así será. Mandanau cae, pero se incorpora para lanzarse con las fauces desencajadas al cuello de Tomorai-ino.
Recuerda su aliento bajo la ira, como una leve brisa, su aliento salado a mar y café la embriagó. Le mordió cerca del omóplato, si apretaba un poco quebraría el omóplato, estaba a punto de hacerlo cuando el Teneka la abrazó.

Esa noche curaron sus heridas. No volvería a recordar la felicidad luego de eso.
Lo odiaba por amarla y luego dejarla.
La historia no se repitió. Fue como si nunca se hubieran separado. Estaban juntos.
Pero ella no olvidaba.
Leían juntos, las crónicas míticas de las Mindau en ellas, los poetas hablaban sobre el viento y la danza de los Tenekas con la brisa.
Caminaban hasta que sus cuerpos se teñían con el crepúsculo. A veces también peleaban contra furtivos agresores de otros clanes.
No se había sabido que un Teneka y una Mindau pudieran formar una pareja. Ya sea por rechazo o por competencia guerrera, tenían que pelear.
Pero ella no olvidaba.
Insegura el miedo a perderlo la ahoga.
Vino por la venganza, vino por su muerte, pero ella estaba muerta antes de llegar. No sabía quién era, qué quería, vivía por los preceptos de su manada y el deseo gregario. ¿Podría vivir solo con él?
Ya no deseaba la muerte del Teneka, solo necesitaba comprenderse a sí misma. No podía olvidar que él la dejó, que no la siguió. No lo perdonaba por olvidarla.

Esa misma noche, se marchó. En una carta le dijo que quizá volvería si lograba encontrarse a ella misma, que no podía amarle con temor, con ira, con tristeza. Que no le espere. Que ella lo buscará e intentará reconquistar su corazón.
Hace meses que sus plumas empezaron a desprenderse.
Primero se espesan, hasta volverse como la cera, luego se endurecen como el mármol finalmente se desprenden. Cada caída anuncia una desestabilización en su sistema nervioso, el dolor recorre su cuerpo entero en un dolor meteórico que lo estremece. A veces, ocurre que más de una pluma se desprende y entonces termina convulsionando a ras del piso.
Se merece el dolor -piensa-, no quiso arriesgarse al omeprau, a pesar de Minadanau decía amarlo, el temía a la Mindai. Su pueblo tradicionalmente consume Tenekas, su sabor es exquisito cuando están ungidos por el omeprau pues producen una proteína única, la aminosteasa, desgraciadamente solo se produce en un estado de reciprocidad amorosa. Así que las Mindau tienen dos extrañas alternativas: amarlos, en cuyo caso, la proteína la extraen a través de las lágrimas de los Tenekas que ellas lamen con el orgasmo, o, devorarlos.
Cuando se interrumpe el proceso por que la pareja los ha dejado de amar, los Tenekas inician la travesía por el mortekai, la muerte en vida, un proceso de envejecimiento paralelo al envejecimiento normal solo que acompañado de la soledad extrema y cuyas consecuencias físicas son, primero la perdida de sus plumas y luego el cambio del color de la piel que los avergüenza obligándolos al destierro.
Se dejó vencer por el omeprau.
Mindanau pudo devorarlo, el quiso que lo hiciera, pero ella huyó. Quizá de sí misma.
El corazón de Tomorai-ino es singularmente frágil, la esperanza del retorno, la incertidumbre y la soledad son suficientes para provocar el fracaso del omeprau. Aunque regresara hacia él, no sabe si el proceso mortekai sea reversible, nunca había ocurrido. Y qué importancia tiene, el sabe lo que quiere.
Hace meses camina por el desierto de Otaska, su extensión es tan ominosa que cuando llegue a las tierras Queyena, las tierras de los sanadores, quizá ya esté muerto.
Y que importancia tiene.
El sabe lo que quiere.
A ella.
Y solo saberlo es un regalo. Nunca supo porqué vivir, pero ahora sabe porqué morir.

jueves 21 de mayo de 2009

La fiesta



Los panderos se agitan, música lejana, música que nos gusta. Ella mueve sus caderas divertida, es su baile, es su fiesta, su momento especial para sembrar y dejarlo crecer para que sostenga las angustias de su futuro. Es su momento especial y se lo da él.

Si las hormonas circularan así toda su vida, no podría vivir, la intensidad la consumiría. Ella está consciente, los dos lo están: formar hábitos que condicionen su cerebro, especializar las neuronas, provocar cánones mentales que los cubran como cultura, como forma de vida interior recubierta de piel.
Hace una semana, después de varios meses viviendo juntos, han tomado la decisión, tendrían en bebé antes de lo planeado.
Un bebé, un bebé, un bebé. En mi vientre, en mi sangre, algo de ese hombre que amo. Todo valió la pena.
Existir es transcurrir.
El me mira, constantemente, con su mirada de niño inseguro y su coraza de hombre maduro. Me mira con amor, con dulzura, con pasión como un masmelo derretido en el fuego, um, tengo ganas de morderlo. ¿Qué dijo mi tía, no la escuché? No importa, me separo diciéndole gracias por no se qué y me lanzo a sus brazos.
Por Dios como te necesitaba me dice. Yo le contesto que ya lo sabía que por eso vine. Subo las piernas abrazado de su cuello y riéndome mientras, el me aprieta la cintura y me besa. Qué delicioso beso, con sabor a cheto, con sabor a miel y mantequilla con sabor a desayuno y fiesta. Te amo le digo y por unas centésimas de segundo necesito llorar, y si, lloro con cientos de risas que brotan como lágrimas.
La fiesta sigue, la gente persigue nuestras miradas, me siento en una cacería y yo soy la maldita presa. Miren, que bella está que hermosa es.
Eso, me quieren desplumar.
¿Con quien estoy hablando? Bueno es un tío de ella creo, tendrá nombre supongo, pero no lo se.
Y ella está tan feliz, como me gusta eso vaya. De alguna manera me siento maravillosamente solo, en un agreste paisaje desierto, con música western acompañando mi cabalgata. Esto es lo que siento es lo que siempre quise, poseer la sensación de que al ocaso llegaré al pueblo y estará ella, de que la soledad es un encuentro con mi deseo de vivir, en medio de la gente, en el vacío del desierto, no importa, la tengo a ella, ya la soledad es un estado de placer, no de angustia. El tío me dice algo, no se qué decir demonios, por eso estoy pensando pendejadas.
La extraño, ya estuvo bien de vaqueros solitarios, ya llegué el pueblo amor, estoy amarrando el maldito caballo, ven, ¿quieres?, ven un poquito, porfa.
Miro a este extravagante pariente, alhaja el hombre pero no se de qué hablar… Me gustó Batman, el Guasón estuvo perfecto… Tengo muchas ganas en este mismo momento de escuchar música del western.
Quiero bailar con ella, con la mujer que me provoca esta sensación de universo, de totalidad. Mejor no digo nada al tío alhaja, pero ¡espera una respuesta a una pregunta que nunca escuché!, seguía pensando cosas fundamentales… ¡Y llegas como un micro tsunami!, te lanzas a mi cuello y me haces tambalear, rayos, que emoción, salvado, ahora estoy feliz: ¿como hacer para sentir menos y no tener la sensación de que exploto?, por unos milisegundos tengo ganas de llorar, pero ni modo el papelón público, que va. Te amo le digo y lo digo con la piel mientras siento por primera vez su cintura en mis manos. Con ella siempre todo es un principio, una primera vez para vivir.
La noche se deslíe sobre la gente dibujando vitrales con los rostros y cuerpos deformados por la fiesta. El alcohol se prende de las retinas, mi exagerada sobriedad me abraza burlona. Prohibido tomar me dijo ella, mi bella ella, la que dejó su nombre por mi, la que ahora se llama Canela por la llama de su piel. Te quiero listo para mí, esta es mi noche. Como si no fuera la mía, pensaba con el deseo coqueto de un pintalabios en mi boca.
Y sigo lejos, en la dimensión desconocida, en medio de una realidad que no es mía, ahora vivo en el planeta ella, y estoy bien.
Recuerdo que pensaba que me gustaría darle una sorpresa, aparecerme de pronto con el vestido, mi cabello planchado, maquillaje y las sandalias de taco que tanto le gusta, tenía otro par de repuesto para evitar el dolor en mi espalda.
Las cosas, para variar, no salieron como quería, con los apuros, la presión de mis padres y toda la locura, tuve que vestirme en la casa.
¡Fue maravilloso! Le decía que se apure vistiendo, pero no dejó de mirarme, como si jamás me hubiera visto. Reía, y en algún momento se le escapó una lágrima, cuando terminé, lo volvió a hacer, mirarme como si fuera una bella desconocida que le proponía acostarse. No logré darle una sorpresa con mi atuendo, le di varias, y aprendí que nuestra vida va a ser así, que quiero que sea así, un constante descubrir al otro.

miércoles 1 de abril de 2009

Fidelidad



Capítulo. A medianoche: http://seattlegrace.wordpress.com/capitulos/quinta-temporada/in-the-midnight-hour/

La fidelidad con uno mismo es tan importante como la fidelidad al otro. Sin embargo, lo curioso del amor es que si amas a alguien, la fidelidad con el otro es tu propia fidelidad contigo mismo, por supuesto esto solo si la otra persona puede hacer lo mismo (es lo que le ocurre a Lexie con George), de lo contrario la relación se convierte en una relación dolorasa o su realización es imposible.
Imaginemos que una pareja termina porque ella tiene que resolver alguna situación en su familia, digamos una prohibición de sus padres a la manera de las relaciones románticas de la premodernidad.
Me parece que si alguien sacrifica el amor de otro y le promete regresar y reconquistarlo, mientras, le sugiere que "haga su vida" que salga con otras mujeres, no existe fidelidad con uno mismo, con el otro y la consecuencia es una masiva destrucción de todo lo que le rodea.
Yang ha sido fiel consigo misma y con Burke, me gusta el personaje, su fidelidad y su constante decisión por vivir sin dejar de ser lo que siente.
Conozco a alguien que no puede amar por esta incapacidad de decidir por sí misma sin perder a quién amas, sin posponerlo innecesariamente. Se necesita valor, decisión para sentir, se aprende a amar no es algo natural, el amor es cultura.

miércoles 25 de marzo de 2009

Clasificados


No vi el último capítulo de Grey's, me parece interesante sin embargo, el aparecimiento de este doctor que viene de Irak, por supuesto no esperamos ningún elemento crítico a esa estúpida guerra pero tampoco es la motivación de la serie. En todo caso le dio aire.
Una amiga me dijo que la soledad y la melancolía es muy peculiar en las personas que tuvieron que separarse pero que se aman. El absurdo te puebla cada instante.
La verdad, pienso en Yang y en su constante dolor, nos habituamos a él verdad, al dolor de las imágenes, de las asociaciones constantes con cosas que nos recuerdan a quién amamos y es pero cuando dialogas interminablemente con su recuerdo.
Se aprende a vivir con eso, pero no se sale de allí. Supongo que cuando se vuelve uno a enamorar, no obstante, en mi experiencia cuando se produce este tipo de amor, cuando de alguna manera sabes que esa es la persona que como decía Murakami, tiene ese algo solo para ti, no la dejas, puedes ser feliz, puedes hacer otra vida, pero si la ves de nuevo, la volverás a amar.
Todo esto me llevó a pensar que es lo que busco en una pareja, quizá les sirva esto como idea:

Busco un amor navaja, que hiera mis heridas.
Un amor de sal que quepa en el jarrón de mis lamentos.
Busco un amor, como una flor de colibríes, que sepan a néctar de girasol.
Un amor como un mar afilado, que rasgue el horizonte con agua de panela. Para que el mundo se riegue de sonrisas, dulces como tus ojos de niña triste, de mujer asustada.
Busco un amor chiquito, que entre en mi lapicero y escriba canciones de amor sobre las luces de una mandolina.
Un amor de cereal, que alimente mi desayuno con jarabe de chocolate.
Busco un amor, como un balcón en invierno, que brille sus acordes bajo los teclados del cielo.
Un amor pandereta, que dance sobre campos de canela y prados gitanos de tallos descalzos.
Busco un amor persistente, hecho de fibra de carbono y viento de asfalto.
Un amor cuántico, que llegue antes que tus labios, luego de tus besos.
Busco un amor de lata, de duraznos en conserva, que empalague mis años sobre un vientre embarazado.
Busco un amor de canela, que siembre sonrisas sobre las canas de mi barba.

viernes 20 de marzo de 2009

Fagocitarte




Quiero ver tus piernas abiertas sobre mi cama: perteneciéndote, tus labios exangües, tus caderas crucificadas.
Fagocitarte.
Devorarte.
Domesticar mi inseguridad en tu plena posesión.
Comprender el miedo que lubrica mi vagina escondida, mi vagina pensante, mi vagina temerosa.
Herir tu herida.
Abrir tu hondura
Penetrar tus ojos con el semen de mis córneas.
Quiero abrir tu cerebro acariciar tus neuronas, derramar mi semen en tus ideas, tener un orgasmo abstracto en tu mente. Construir el algebra de tu mirada, deducir tu piel en la trama de sus argumentos.
Dejar el aliento dormido en una lágrima.

lunes 19 de enero de 2009

El problema filosófico fundamental es el absurdo


Decía Camus, que puesto que la existencia no tiene sentido la vida es absurda.
Si cada capítulo de Grey's Anatomy alcanza algún sentido, la vida real no tiene esa suerte. Escuchen esta historia:
La mujer calabaza está enamorada del hombre Espantapájaros. Al menos ella así lo asegura. Sin embargo, sus padres, los de la mujer Calabaza digo odian al horripilante Espantapájaros por ser de edades y sitios diferentes. Ella quiere tanto a sus padres que se aleja de el hombre Espantapájaros, a pesar de que dice amarlo, todo porqué sus padres quieren que estudie en el exterior un posgrado en pasteles de calabaza y que de quedarse por amor, nunca podría respetarse, el amor puede esperar, los estudios no. Ella no quería irse, pero el no la detuvo, estaba tan insegura que jamás estaría contenta con él si pensaba haberse equivocado.
Pasa el tiempo y un día ella le dice: debo terminar contigo, eres el culpable de todo lo que me ha pasado, por tu culpa no disfruto de mis estudios y mis padres me rechazan.
El solo atinó a decir, torpemente: te fuiste, fue tu decisión porqué he de ser el culpable, que no sea de mi tristeza y mi ira por estar en esta soledad, en esta espera.

Mas tarde, ella le escribió algo así: mis padres no entiende que te amo, debo terminar contigo para que ellos vean que no es por ti que tengo problemas que es por ellos, que no me permiten ser feliz.
Y el estúpidamente pensó que tenía su lógica, como podía convencer a sus padres que eran dominantes, egoístas, irrespetuosos con su vida, aunque sea por amor, de una manera cruel, el amor por ella era como una estocada en los intestinos. Y ella tenía derecho a demostrarles lo equivocados que estaban.
Un día mientras amanecía y el viento golpeaba en su cara, se dio cuenta de la idiotez tipo tsunami que había pensado.
Si ella terminaba con él, solo les daba la razón a sus padres, pues si terminaba con él primero ellos eran más importantes que su propio deseo de solucionar las cosas con ellos, su necesidad de aceptación estaba por encima de su propia aceptación. Luego, si ella terminaba con el triste espantapájaros sus padres jamás la aceptarían con él, aunque pudiera volver a ser su amor, ella había cuestionado su amor por el al dejarlo, la validez de sus decisiones y su propia madurez.
A la final debían aceptarlo con él, puesto que esa era su decisión de vida, perderlo para arreglar con sus padres tendría que dejar un inmenso e irreparable vacío, la oportunidad que tuvo para dejar el enfermo y despiadado amor de sus padres por ella y crecer por si misma, para amar por si misma y para ella misma se había quedado en la conmseración, en la compasión paterna que a la final estaban satisfechos por haber evitado que esa desigual decisión pudiera "funcionar", bueno, digamos evitar el fracazo.
Que falta de amor, que falta de coraje, que falta de respeto por si misma, y yo que pensaba que argumentos descabellados como los de Meredith cuando no podía comprometerse con Derek, ¿recuerdan?, solo se producían en la televisón.

domingo 17 de agosto de 2008

The Visible Human Project® Image Data Sets

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Los Victor Frankenstein de la vida real | Anfrix

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